domingo, 17 de septiembre de 2017

De cuando Mariano, "El Preta", estaba cagando.





     De cuando Mariano “El Preta” estaba cagando.

¿Coñóooooo …  si ese es Mariano “El Preta”!

    Claro que era él. Estaba sentado en el banco debajo de la ventana forjada de la casa de los Dolz de Espejo, en el mediodía del sol, justo al lado de la fuente modernista con los chorros de agua entonces bullentes y ahora silenciados, frente a la puerta de la casa de los Vicente que aún luce su escudo heráldico dando la bienvenida a los acogidos en la Residencia donde debe estar alojado este Mariano que siempre para nosotros después de que él mismo  nos contara lo de la peineta del carro, siempre digo, fue “El Preta”.
        A Mariano siempre le gustó hacer el gaire, aunque entonces nada sabía de la que iban a liar los de Pancrudo largo tiempo después.
         Era aquel día en la puesta del sol, cuando las mozas se acercaban con el cántaro apoyado en la cintura, lo llenaban debajo de los chorros bullentes que manaban de la fuente de Santa Beatriz, lo volvían a poner sobre su esquinada cadera y lo llevaban hasta el carretillo para después llegarse un par de veces más, por lucirse delante de nosotros y robarnos nuestros ojos detrás de ellas.
        Justo aquel día nos lo contó mientras al otro lado de los chorros se acercó su padre con el único macho que le quedó, cojitrancos los dos, por abrevar al mulo. Mariano había vuelto a pasar unos días en su pueblo dos años después de que se marchara por las tierras catalanas del Vallés hasta San Cucufate, como él decía.
     Dos años justos y al mismo tiempo que su padre se llegaba hasta el bacio donde abrevar a las bestias y donde iban a parar los forasteros que se llegaban los días de las fiestas y se quedaban en pijaitos.
   Fue en la llegada a la cuesta de Cañamaría, al comienzo de agosto, cuando volvían con la carga de trigo desde el Matoso, con el sol en alto y los sombreros calados. El padre de Mariano carreteaba junto al macho de varas y aun retrancaba al puntero. Y Mariano atrás dándole al freno. Y al comienzo de la cuesta el padre dándole al “preta, Mariano, preta”. Y el zagolote aún imberbe que “padre, que estoy cagando”. Y venga y dale al “preta, Mariano, preta” y el otro “padre, que ya le he dicho que estoy cagando”. Y en cuando echaron cuesta abajo los machos, la carretada arreó para abajo más deprisa que ellos.
 Y trigo, y carro, y padre, y mulos se fueron a cascala juntos.
Abajo en el barranco de Altabás quedaron arrastrados en un mar de cascajo. El macho de varas ya no hizo tiro en su vida y trompicó del ancón para siempre, inválido para el acarreo y tullido sin remedio en los labrados.
        Desde aquel día padre e hijo vieron que la vida era imposible en donde había hambre y poca tierra. Para qué un carro si con un macho y la albarda daba suficiente para recoger aquellos fajos de centenacho que no  saciaban la casa.
         Y Mariano se largó como tantos más por las tierras del Vallés. Y desde aquel día, dos años después, cuando nos lo contaba junto a la fuente de santa Beatriz, delante del edificio que ahora lo alberga a él como jubilado residente, el mismo donde se instaló el cuartel general de los milicianos en aquella guerra que marcó a Larroya para siempre, no lo había vuelto a ver.
   Y ahora estaba recibiendo de lleno el sol en la cara, sentado debajo de la reja forjada de la ventana de la casa solariega de los Dolz de Espejo, aquellos señorones feudales de los que nadie se acuerda, salvo algún letraherido que se interesa por los ancestros de estos bravazones larroyanos, mientras parloteaba con otro ganapán pastor de ovejas ajenas, a quien de cuando en cuando le llamaba Cardo porque no hacía más que pincharle con lo de los catalanes, y la independencia, y la madre que parió a los polacos de más allá de la desembocadura del Ebro.
   Y Mariano “El Preta”, a quien le sigue gustando hacer de cuando en cuando el gaire le dice a Cardo que ha recibido una papela, que no sabe ni cómo, para que vote así, a botepronto, entre un cagané y otro.
 Y le explica a Cardo lo del cagané y le enseña un par de figuras de barro que lleva en el bolsillo y que le ha puesto delante sobre la misma mesa en donde han desayunado esta mañana. Y uno y otro han lanzado sus puyas llenas de rasmia con el sujetar de las cabezas entre un cachirulo y la barretina. Y uno, el Cardo, dice que lo mejor es tirarlos a los dos juntos al bacio de abrevar donde iban a parar los señoritos pijaitos forasteros. Y el otro, Mariano, “El Preta”, que ha aprendido unas cuantas palabras de la lengua del Vallés saca su rasmia larroyana y suelta otra vez aquello de la cuesta y dice de nuevo que estaba cagando, así es que ... a prendre per cul.



   

domingo, 10 de septiembre de 2017

Alfambra. La misa y la olla.


Alfambra. 1948. foto I.E.T.




          
                     Alfambra, la misa y la olla.
Obligación juramentada de ir a misa los domingo y fiestas de guardar.



En la España del hambre, del racionamiento, del plato único, de las cárceles, de los juicios sumarísimos de urgencia, de los juicios de responsabilidades políticas, de los fusilamientos, del estraperlo, de la miseria, del silencio, del miedo.
         Aquí, juramentados para asistir a los plenos municipales y a la misa mayor los domingos y fiestas de guardar como se decía entonces, tal como ocurría en el juego aquel de “el que no lo haga pagará una prenda”.
         Cinco pesetas, un duro, a pagar. Y con las perras recogidas, a merendar.
         Se supone que con vino aguado y malo en la taberna arrendada y castigada por el humo del tabaco de picadura recogido en la petaca.
         Y el que venga detrás que arree.
         Transcribo el documento por si acaso no se lee bien.
         ¡Buen provecho!





Provincia de Teruel                               Ayuntamiento de Alfambra

         Los abajo firmantes componentes del Ayuntamiento de esta localidad se comprometen bajo juramento y de su libre y expontanea voluntad dicen: que por cada uno o varios concejales pagará cinco pesetas de multa así como los que faltasen a misa mayor los domingos o días de fiesta mayor siempre que no sea por causa mayor, nombrando depositario de estas multas al Secretario Don Felipe Rubio Talayero quien los conservará en su poder hasta reunir la cantidad necesaria para una merienda; comprometiéndose así mismo este a satisfacer igual multa por cada uno de los domingos y días de fiesta que no asista a misa.
         Alfambra 24 de Octubre de 1942.
                  El Ayuntamiento.     Siguen las firmas.

Original en Archivo Ayto. Alfambra.

          




           

jueves, 31 de agosto de 2017

Alfambra. "La casa de Óscar". Un museo antropológico.





La puerta de entrada. @ CAC.

         La "Casa de Óscar" además de vivienda familiar y casa de turismo rural es lugar de tertulias literarias, conversaciones sobre hechos ocurridos en la Historia próxima pasada y lugar de visita  a su museo antropológico privado.
     Todo gracias a la amabilidad y el buen hacer de Maribel y Jesús, sus dueños y anfitriones.
     Les invito a un recorrido por ella. 


Molino del patio de entrada. Perteneció a la familia de Niceto Alegre. @ cac.
Llaves de puertas de casas y pajares. Un candil tan necesario alimentado por grasa y manteca de los cerdos y un carburo que iluminaba a los mineros cuando se sumergían en las entrañas de la tierra para picar carbón.@ cac.
 
Tener ovejas era una riqueza. Tijeras para esquilar a la izquierda y, a la derecha, la máquina que esquilaba el pelo de los machos. Algunos pastores presumían de esquilos en sus rebaños. Cada uno tenía un sonido adquirido por el temple que le daba el experto herrero.Los badajos los construían lo mimos pastores limando algún cuerno de las cabras o puliendo las raíces de los espinilos. @ cac.
Imprescindible en la labranza el yugo sometía a un esfuerzo común a los mulos. La sarria de la izquierza, trenzada con esparto, albergaba la paja y algún puñado de grano de centeno para alimetarlos. @ cac
Sobre esta silla sujeta sobre la espalda de los mulos se asentaba la zofra en cuyos extremos se incrustaban las varas del carro. El mulo más potente aguantaba con su fuerza las embestidas del terreno. @ cac.

En la planta baja, dedicada a salón comedor y larga mesa de conversaciones, se encuentra este arado utilizado desde tiempos remotos romanos hasta su arrumbamiento con la llegada de los tractores. @ cac

Un viejo mapa estampado sobre hule se grabó un día y otro en nuestra memoria de escolares allá por los años cincuenta. También ayudó la vieja regla que, entre otras cosas, medía la resistencia de nuestra mano abierta ante los golpetazos del maestro. @ cac.

Una capoladora, tinajas, cacharros de cocina y en medio la tabla de lavar. De tanto dale que dale en el lavadero, las manos de las mujeres (ellas eran quien más trabajaban) esmerilaron la madera. @ cac.

El granero utilizado para guardar  los cereales de la añada sirve ahora como albergue de los utensilios utilizados en el esfuerzo del dale y venga de todos los días. @ cac.
Algunos instrumentos utilizados en la viejas cocinas alimentadas por leños de chopo y carrascas. Pucheros, peroles con corbeteras, tinajas, trébedes (traudes), fuelles, tenazas, calderos de cobre, cazos, sartenes... @ cac


Este arado, de la misma estructura que el romano, lleva una reja para voltear la tierra. Es un brabán. Brabazones y vascones llegaron a esta tierra arcillosa desde el norte de Burgos y la llanada alavesa a finales del siglo XII. Hacían falta unos buenos mulos para abrir los surcos. En ocasiones la vara o lanza de madera se ajustaba sobre el testuz de los bueyes, lentos pero seguros en el arrastre y la labranza. @ cac.
Picos, azadas, hacha (segur), cuñas para abrir los leños, mazas y un barreño.  @ cac.

Planchas. Calentadas alrededor del fuego, llenas de lumbre y las primeras eléctricas.  @ cac.

Un tablero horadado sobre el carretillo para llenar los cántaros en la fuente, un bálago (balago) de encañadura de centeno, guardado de un año a otro para trenzar el nudo (ñudo) de los vencejos, que servirán para los haces (fajos) de la mies y del alfaz, una escoba de ramas de guillomo para barrer los granos de la parva molida, en la era,  cuando la trilla, una hoz (corbella) con las zoquetas protectoras de los dedos cuando la siega, un cribero para porgar el grano y una cesta trenzada con mimbres en donde Jesús y Maribel han colocado uos trozos de cuarzo lechoso que se incrustan entre las arcillas del cerro testigo sobre el que asentó el viejo castillo. Estos cristales, que aquí llamas chuletas, se deshacen con facilidad en contacto con el agua y así se van formando simas entre las arcillas que ayudan a desmoronar el cerro que preside el pueblo.
              

martes, 15 de agosto de 2017

Jaurés Sänchez Pérez:la memoria y la ética






Con Jaurés Sánchez Pérez y su mujer.

                

  Tuve la enorme satisfacción de escucharle durante tres horas bajo la sombra de la noguera en nuestra casa de Orrios.
   Fue el pasado domingo día 6 de Agosto.
Tiene 89 años cumplidos y una memoria ejemplar.
Luego nos acompañó el miércoles 9 en las “Conversaciones en Orrios”. Durante todo el día, sin reblar, interviniendo en las conversaciones.
   Jaurés todavía se emociona cuando rememora a su madre y a su hermana de dieciséis años. Ambas “desparecidas” hasta hoy por las gentes militares y civiles sublevados en Teruel contra el gobierno de la segunda República.
 Su padre, Ángel Sánchez Batea, fue militante socialista y fundador de la Casa del Pueblo en la ciudad de Teruel. Se hizo cargo del Ayuntamiento de Teruel durante el asedio de la ciudad en diciembre de 1936 hasta que evacuó a los civiles de Teruel cuando ya los sublevados se impusieron.
  Salvó la vida al obispo Polanco y al general Rey D,Arcourt conduciéndolos hasta San Miguel de los Reyes en Valencia. Luego la perdieron en Pont de Molins.
Ángel Sánchez Batea fue condenado a muerte por un tribunal militar en un juicio sumarísimo en Zaragoza. Fue fusilado en las tapias del cementerio de Torrero en 1941.
Gracias Jaurés por su entereza. Nos dijo muchas cosas. Me quedo con una: “la primera obligación de una persona de izquierdas es ser ético”.
  Gracias Jaurés.  Nos veremos pronto.

La referencia de las "Conversaciones en Orrios" en Diario de Teruel.